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      Obras de Immanuel WALLERSTEIN

      Giovanni Arrighi, The Long Twentieth Century (Verso, 1994)
      reseña por Immanuel Wallerstein (para The Guardian) .


      El libro acaba de publicarse en castellano, con el título "El largo siglo XX" (Akal, 1999)

      Pese a su título, este libro no trata realmente del siglo XX, largo o de otro tipo. Es un intento de comprender el declive de la hegemonía USA y los actuales dilemas del sistema-mundo a la luz de la evolución histórica del capitalismo mundial desde Venecia y Génova. Se trata de una economía política historizada del sistema-mundo, una contribución importante a la comprensión de nuestro mundo. Es teóricamente ambicioso, ya que Arrighi trata de unir toda una serie de historias familiares y asertos teóricos de una forma provocativa y original. Es seguro que se discutirá, debatirá y utilizará ampliamente.

      Arrighi ve una constante tensión entre la "lógica de maximización de ingresos de las expansiones comerciales" y la "lógica de maximización de beneficios de la acumulación capitalista" (p. 278 [de la versión castellana]), que coinciden periódicamente y se refuerzan mutuamente, antes de bifurcarse. En principio ésto parece un tanto abstruso, pero Arrighi lo convierte inmediatamente en una interpretación concreta de 600 años de historia mundial. Construye esa historia sobre la idea de formas sucesivas y alternantes de hegemonía en el interior del sistema-mundo, lo que llama dialéctica entre Estado y Capital.

      Parte de una boutade de Braudel: "[En] Venecia el Estado lo era todo; en Génova, todo era capital" (p. 177 [de la versión castellana]). En Venecia, la fuerza del capital descansaba sobre el poder coercitivo del Estado; en Génova, el capital se apoyaba en sus propios pies, y el Estado, en la medida en que lo había, dependía de él. El juicio resumido de Arrighi es éste: A corto plazo (un siglo resulta ser un plazo corto), el método de Venecia parecía gozar de un éxito mucho mayor, pero a largo plazo fue Génova la que creó "el primer ciclo de acumulación capitalista que abarcaba al mundo entero" (p. 179). Luego, en una de esas inteligentes antinomias de las que se enorgullece, Arrighi dice: "Del mismo modo que la fuerza inherente de Venecia en la costrucción de su aparato estatal y en la realización de la guerra constituyó su debilidad, la fuerza de Génova radicó en la debilidad mostrada en el despliegue de esas mismas actividades" (p. 180). Venecia se convirtió en el prototipo de "capitalismo (monopolista) de Estado", y Génova de "capitalismo (financiero) cosmopolita".

      Hasta ahí, la mayoría de los lectores asentirán confusos en su ignorancia acerca de los detalles del mundo del siglo XV. Es cuando Arrighi comienza a aplicar esas categorías a asuntos más cercanos cuando llegan las sorpresas. Resulta que "el régimen holandés, como el veneciano, hundió sus raíces [desde un comienzo] en una fundamental autosuficiencia y competitividad en el uso y control de la fuerza" (p. 183), lo que explica su hegemonía y que luego tuviera que pagar las consecuencias al crear "un nuevo acicate para que las organizaciones territorialistas imitasen y compitiesen con los holandeses..." (p. 191). De nuevo, el éxito conllevaba el fracaso, repetido leitmotiv de Arrighi.

      Los británicos reemplazaron a los holandeses, y la Era de los genoveses encontró un paralelo en la Era de los Rothschild, quienes resucitaron "las estructuras organizativas del imperialismo ibérico y del capitalismo financiero cosmopolita genovés, [ambos] desbancados por el régimen de acumulación holandés" (p. 214). "El control sobre el mercado mundial constituía la especificidad del capitalismo británico" (p.347). Los alemanes trataron de frenar la excesiva competencia que ésto trajo, pero los USA "la sustituyó" (p. 345). Las corporaciones norteamericanas, expandiéndose transnacionalmente, "se convirtieron en otros tantos ‘caballos de Troya’ en los mercados domésticos de otros Estados" (p. 353). Ésto destruyó las estructuras de acumulación del capitalismo de mercado británico, pero una vez hecho ésto, "la empresa corporativa estadounidense se mostró impotente para crear las condiciones de su propia auto-expansión en un mundo caótico" (p. 354). El impasse sólo pudo superarse inventando la guerra fría.

      A la luz de esta historia, la expansión financiera de los años 70 y 80 no parece revolucionaria, sino la repetición de una vieja historia. El paisaje general es el de cuatro hegemonías sucesivas: genovesa, holandesa, británica y norteamericana, acerca de las cuales se pueden hacer tres afirmaciones principales: fueron cada vez más breves; hubo una tendencia a largo plazo de las organizaciones dirigentes a hacerse cada vez más amplias y más complejas; y se produjo un doble movimiento, hacia atrás y hacia adelante, en cada desplazamiento de hegemonía (Venecia/Provincias Unidas/USA frente a Génova/Reino Unido).

      ¿Qué podemos decir de ese panorama tan vasto, y tan sumariamente expuesto aquí? Su gran fuerza es la clara visión del capitalismo como un intento racional de acumular indefinidamente capital, lo que significa, según Arrighi, que los capitalistas están interesados en la expansión de la producción sólo si eso genera beneficios, y eso sólo sucede en la mitad inicial de cada ciclo. En la segunda mitad, los capitalistas expanden sus beneficios mediante juegos financieros. Pueden internalizar o externalizar sus costes de protección (fructífero concepto de Frederic Lane) y en cada opción hay ventajas y desventajas. Pero éstas no son caprichosas. La estructura fuerza a los capitalistas a alternarlas en una especie de contradanza: un paso atrás, dos pasos adelante.

      Las deudas intelectuales de Arrighi con Marx y Schumpeter son bien conocidas. Lo que ha hecho en este libro es tomarse en serio a Braudel como fuente de datos e hipótesis y darles forma en un molde marxo-schumpeteriano. Se trata de una obra de auténtica economía política, en la que los éxitos generan fracasos, y "la barrera real de la producción capitalista es el propio capital" (Marx), pero [¿o y?] el capitalismo es en sí mismo "anti-mercado" (Braudel). El libro no gustará a todos. No hay análisis de clase, pero tampoco lo hay en El Capital de Marx. Y lo que quizá es más sorprendente en una obra de Arrighi, tampoco hay apenas indicaciones acerca de la antinomia centro-periferia en la organización de la economía-mundo. En lo que se concentra es en la organización de los ciclos de acumulación como clave para la historia del desarrollo histórico del sistema-mundo. Y finalmente, para una economía política, hay muy poca política en el libro. Palabras como izquierda y derecha no aparecen, y nunca se menciona la ideología. Las cuestiones actualmente tan centrales de racismo/sexismo o cultura no aparecen en el índice.

      Sin embargo, se trata de una obra importante y estimulante, que pone en cuestión el planteamiento que la mayoría se hace del sistema-mundo. Se argumenta intensamente, aunque de forma un tanto caleidoscópica. Obliga al lector a reflexionar, aunque sólo sea para localizar las eventuales inconsistencias de una narración que se mueve con tanta rapidez. No es para leerlo en la cama. Se trata de un libro serio para gente seria en tiempos muy serios.


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